(...) Releo tus cartas muchas veces, pero nunca por la noche. Por la noche puede ser peligroso.(...) Y conforme leo, los días que median pasan con el veloz traqueteo de un tren de mercancías. ¿Qué quiero decir con los días que median? Los días que median entre esta vez y la última vez que leí esta misma carta. Y entre el día que la escribiste y el día que te detuvierón. Y entre el día en que el funcionario de prisiones la puso en el correo y el día que la leo, sentada en la azotea. Y entre este día, en que tenemos que recordarlo todo, y el día que podamos olvidar porque lo tendremos todo. (...)
Esta mañana fui a Suse a comprar una baraja nueva. Estaba cruzando el mercado, por donde se ponen los puestos de naranjas, y un hombre se para delante de mí y me dice :
Le debo un agradecimiento.
¿Un agradecimiento? ¿Por qué?
(...) Quería ofrecerle un café y enseñarle mi secreto porque creo que me salvó usted la vida.
(...) Tendemos a pensar que los secretos son pequeños, no? Como joyas o como piedras afiladas o navajas que se pueden esconder y guardar en secreto de lo pequeños que son. Pero también hay secretos inmensos, y es precisamente por su inmensidad por lo que permanecen ocultos, menos para quien ha intentado abrazarlos. Esos secretos son promesas.
(...) Te escribo esto muy entrada la noche. Pienso en las cartas que releo por la mañana temprano, cuando los días que median pasan con el veloz traqueteo de un tren de mercancías; pienso en las cartas mías, que lees en tu celda, y el inmenso secreto que encierran, que es nuestro secreto, tuyo y mío, me hace sonreír.
A.
jueves, 25 de febrero de 2010
De A para X ***
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