jueves, 15 de abril de 2010

Citas

La noche era cálida, pero no tanto como sus miradas, pensaba ella. Juntos, sentados entre viejas piedras, escuchaban la música que los unía y los llevaba hacia lo que los dos esperaban que sucediera. Miradas y caricias, sonrisas y silencios mientras la música los envolvía acariciándolos suavemente y extremeciéndoles otras. La luna se asomaba entre las nubes haciéndoles un guiño, ella era su cómplice, los miraba y sonreía al ver la escena. Estaban rodeados de gente, pero solo estaban él y ella. Juntos. No habia sido fácil llegar a esta noche, todo parecia indicar que nunca llegaría, pero éste era el momento justo. De la mano caminaron un rato cuando los músicos terminaron de tocar. Silencios, miradas y el calor de un sentimiento compartido. Después, en la despedida, solo un beso y un hasta mañana. Cerró los ojos y una sonrisa se dibujó en su boca, la que los labios de él habian besado. Y en silencio, sola, volvió a sentir el calor de ese beso y su mirada al marchar. Tenian una cita. Mañana.
Una vez llegaste tan pronto
que no había flor que no fuese semilla
mano que no fuese garra
ni amor nocturno que el sol no descubriese
en los cines de barrio o en los parques.
Otra vez llegaste tan tarde
que el prólogo ya estaba en el epílogo
un pinzón cantaba a medianoche
las castañas asadas sabían a sobresalto
de muchachitas muertas.
A veces llegabas cabalgando una tormenta
y te asombrabas de encontrarnos empapados.
A veces custodiada por un tigre
y te ofendías mortalmente si yo le daba la mano
sin quitarme los guantes.
A veces llegabas desde detrás del tiempo
me tapabas los ojos
y yo tenía que adivinar
si el beso o la agonía
la entrega o cuántos surcos
arados en tu cuerpo por estaciones de un año
donde ya no había plaza para mí.
Hoy te estoy esperando en el momento justo.
En el fruto maduro. En la frente del día.
En una espuma que equidista de la rosa y del cenit.
Amor mío
no tardes.
Jorge Riechmann

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